Martes, 26 de septiembre de 2006

Esta tierna imagen volverá a repetirse el próximo mes de mayo, porque la princesa Letizia está otra vez embarazada.
Como anunció en la tarde de ayer la Casa Real, los príncipes de Asturias, don Felipe y doña Letizia, esperan su segundo hijo para la primavera próxima. Ellos, y la infanta Leonor, hasta ahora la reina de la Casa, que tendrá que hacer un hueco en su armario de los juguetes para el nuevo inquilino de la Zarzuela.
Sea niño o sea niña, lo cierto es que, como no podría ser de otra manera, los medios de comunicación se han lanzado a por el feliz acontecimiento, concretamente a la tan nombrada reforma de la Constitución, prometida por ZP, pero de la cual nada se sabe o como se dice en ciertos casos, ni está ni, de momento, se le espera.
Lo dijo ayer más de un tertuliano, y no con falta de razón: el segundo hijo/a de los Príncipes vendrá con un problemilla debajo del brazo.
A pesar de ser un problema menos grave de como algunos lo quieren pintar, la reforma constitucional del artículo 57, dirigida a evitar que tener o no tener colita sea en lo que haya que fijarse a la hora de acceder a la Jefatura del Estado, es un toro que hace tiempo que saltó a la arena social y que tarde o temprano habrá que lidiar.
Pero es una faena que exige temple, mando, serenidad, cautela y sobre todo, consenso. Desgraciadamente esto último no parece propio del actual encaste parlamentario, que clama a gritos los más profundos trabajos de ingeniería genética.
Sabina tenía razón cuando decía que "las niñas ya no quieren ser princesas". No se conforman, ni deben. Las niñas quieren ser reinas. Y de esto habrían de tomar cuenta nuestros diputados, para emprender el viaje de la reforma, cuyo retraso ya se anunció en los tablones luminosos el día que la infanta Leonor llegó el mundo, hace ahora casi un año.
A la hora de emprender la reforma sería conveniente tener en cuenta una serie de puntos.
Si el próximo mes de mayo, la princesa Letizia da a luz a una niña, el margen de maniobra se extiende en el tiempo, ya que no se plantea ningún tipo de enfrentamiento sucesorio entre los retoños de los Príncipes. Leonor sería la mayor de las dos y por tanto, futura heredera.
Ahora bien, si lo que nace es un "machote", como en su día se refirió don Juan Carlos a su hijo, en una conversación con Franco en la que le anunciaba el nacimiento de don Felipe, allá por el año 1968, la cosa se complica y ese pequeño problema de la sucesión, se convierte en algo más.
Puesto que las posibilidades de que para entonces la reforma constitucional se haya producido son escasas, estamos hablando quizá de años de trabajo, el recién nacido pasaría automáticamente al segundo puesto en la carrera por la sucesión, por detrás de su padre, Príncipe de Asturias y heredero de la Corona de España.
I ja l'hem fotut. Con la actual ley en la mano, el supuesto chaval, adquiriría una serie de derechos dinástico, que de darse la reforma le serían arrebatados, lo que tampoco dejaría de ser una injusticia, fruto de la lentitud con que se ha abordado el asunto desde el principio.
También podría producirse otro problema, aunque mucho menos probable. En el momento en el que la Constitución de 1978 sea reformada para conseguir la igualdad entre el hombre y la mujer en la herencia de la Corona, la infanta Elena, primogénita de los Reyes de España, podría reclamar sus derechos sucesorios. Poco probable, ya digo, por no decir imposible. El príncipe Felipe juró su cargo como heredero de la Jefatura del Estado cuando cumplió la mayoría de edad. Pero no deja de ser, cuanto menos, curioso.
La reforma del texto Constitucional es extremadamente necesaria. En el siglo XXI no puede contemplarse una discriminación basada en el sexo. Pero, con reforma o no, lo que está claro es que la noticia del embarazo alegra a todos, y es el tema del día en todos los corrillos, para bien o para mal. Para decir lo guapa que es Letizia, lo delgada que está o la inminencia de una tercera república. El segundo hijo de los Príncipes ha llegado a casa antes de nacer. Y eso es una cosa buena por encima de todo. Como lo son la enorme cantidad de felicitaciones que han recibido, y recibirán don Felipe y doña Letizia. Hasta Llamazares se ha sumado a la vorágine.
Por: Fernando Sahuquillo | Borbonmanía | Comentarios (0) | Referencias (0)
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