Jueves, 26 de octubre de 2006
Después de mi experiencia laboral en televisión, de tres días de duración y de la cual algún día escribiré, el regreso cual hijo pródigo al negocio familiar, tengo un poco de tiempo para descargar mi ira contra la AUPA y contra quien en ella se mueven.
Para el lector que no sepa que es la AUPA, es una especie de federación de baloncesto paralela a la Federación de Baloncesto de la Comunidad Valenciana. En esta liga juegan/jugamos equipos de la Comunidad Valenciana que no podemos permitirnos el lujo de pagar los desorbitados precios y tasas que exige y reclama palma boca arriba la FBCV.
Pero esta situación no quita para que suceda lo que sucede en la AUPA, una verdadera cueva de mafiosos, en donde los amiguismos están a la orden del día y en la que no se duda en perjudicar a un equipo si se considera conveniente y oportuno.
Son argumentos duros pero son los únicos que se me ocurren después de lo sucedido el pasado fin de semana, cuarta jornada de liga. ¿Cómo es posible que la AUPA no apruebe el aplazamiento del partido entre el Cuperval y el C.D. Monte-Sión estando los dos equipos de acuerdo en fecha y hora de juego? La respuesta la doy yo. No podemos pretender que sus excelentísimos señores, los árbitros de la AUPA, modifiquen su calendario. Señoritas de salón de té con delirios de grandeza que les salen por las orejas, que pitan partidos como al que nos referimos, creyéndose que están dirigiendo la Final Four.
Todos nos equivocamos. Pero existe una diferencia abismal entre hacer una actuación mediocre, que todos la podemos hacer, y hacer una actuación mediocre, regocijarse y enorgullecerse de ello y además despreciar a los jugadores. Y esto no lo digo ni por mí ni por mi equipo. Una cosa es tener un fallo y otra bien distinta es no tener educación.
Reconozco que yo no la tuve y pido disculpas públicas a mi equipo por la imagen dada y los daños que al conjunto del equipo hubiera podido ocasionar mi actuación del sábado. Pero invitaría al colegiado que dirigió el encuentro del sábado pasado a hacer lo mismo. Despreciar y tratar de menos a los jugadores dice mucho de una persona. Pero dice mucho más reconocerlo y pedir disculpas. Yo sería el primero en aceptarlas.
Señor colegiado, caiga en la cuenta de que al término del encuentro nos mostramos de acuerdo en su pésima actuación, cosa que no suele suceder. Ojalá esto le de que pensar.
Pda: No pretendo con esto justificar la derrota que sufrimos el sábado. Soy de la opinión de que un árbitro no destroza un partido, por mucho que quiera.
Por: Fernando Sahuquillo | Bàsquet Monte - Sión | Comentarios (0) | Referencias (0)
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